09/02/2026 Ana Real
Para la mayoría, es cuestión de valores y de aprovechar ventajas, y otros ven la oportunidad de responder a necesidades propias y ajenas.
Por el Servicio de atención a personas emprendedoras de FEVECTA pasan cada año más de 200 grupos de personas de toda la Comunitat Valenciana interesadas en emprender bajo la fórmula Cooperativa de Trabajo. En este servicio, disponible en todas las sedes y oficinas de la Federación en València, Xàtiva, Alicante y Castellón, y también on line, se ofrece un asesoramiento personalizado a cada grupo. Una vez se determina que el proyecto o la idea de negocio es viable y encaja con los requisitos de la fórmula cooperativa, se le acompaña a lo largo del proceso de constitución, incluso en el arranque de la actividad mediante una cartera de servicios gratuitos.
De los datos estadísticos que se recogen en el servicio, es interesante ver la evolución del perfil de personas que buscan en la cooperativa de trabajo su alternativa laboral o profesional, porque, entre otras cosas, ayuda a conocer cómo va cambiando la sociedad, sus inquietudes y necesidades a la hora de incorporarse al mercado laboral o desarrollarse profesionalmente.
Obviamente, el cooperativismo no es un movimiento mainstream, las opciones mayoritarias siguen siendo emprender de manera autónoma o crear una SL, pero eso también está cambiando, como explicaba el presidente de FEVECTA, Ramón Rodríguez, en su artículo de opinión publicado recientemente en el diario Levante-EMV, titulado El fin del binomio ‘Autónomo – SL.’ Conocer el perfil de estas personas nos ayuda a comprender ese cambio motivacional de quienes cada día lo escogen como opción de autoempleo y desarrollo profesional.
Mujer, con estudios superiores y empleo
Durante 2025, fueron cerca de 800 las personas asesoradas por el servicio y de todos los datos recabados se extrae el siguiente perfil tipo: mujer (56%), con estudios superiores (50,8%), con empleo previo (59,1%) y entre 31 y 45 años (46,7%). Pues bien, de todas estas categorías, la primera a destacar en un mundo empresarial eminentemente masculinizado es que sean mayoría las mujeres, una tendencia que se va consolidando en los últimos años y que, cuando fluctúa lo hace de manera muy moderada, lo que viene a reforzar el hecho de una igualdad real y mayor presencia femenina en puestos de liderazgo y responsabilidad, muy por encima de lo que ocurre en otro tipo de empresas, llegando a superar el 50% (alrededor del 32,5% en puestos directivos y un 21,5% en otros puestos de responsabilidad), frente al 25% de puestos de dirección ocupados por mujeres en empresas mercantiles.
Y aquí podemos empezar a hablar de valores, porque el 60,4% de las personas dice escoger cooperativa por su cultura empresarial y valores del modelo. Es recurrente escuchar comentarios del cariz de los siguientes: “los valores cooperativos encajan con mi filosofía de vida”, “queremos contribuir al cambio social con nuestra actividad empresarial”, “por los beneficios sociales y económicos compartidos y el enriquecimiento de los lazos comunitarios” o “buscamos un modo de involucración de las personas que participan en el proyecto”.
En general, no solo es la búsqueda de igualdad en la toma de decisiones y la preferencia por el trabajo horizontal, que también, sino que el deseo de asociarse y compartir con otros una actividad con un claro enfoque social o tratar de responder a una necesidad colectiva o a una problemática comunitaria que nadie cubre son razones esgrimidas ya en un 10% de los casos.
Claro que, no solo de valores viven las personas, cierto, pero resulta que ahí viene otra de las ventajas del cooperativismo. De hecho, 2 de cada 3 personas valora, precisamente, esa circunstancia: que la cooperativa le permite conciliar valores con incentivos económicos relevantes. Y entre dichos incentivos, su Régimen Fiscal y ayudas específicas (59%); la posibilidad de escoger el régimen de Seguridad Social de sus socios (y modificarlo cada 5 años) (21,1%) o para acceder al 100% del pago único del desempleo (6,8%).
Acabar con la soledad del autónomo o transformar otras fórmulas
Hace poco, una emprendedora que creó cooperativa en 2025 me contaba: “Yo era autónoma desde hace siete años y para mí ha sido un cambio muy importante y muy positivo poder tener a ‘un otro’ a mi lado “. Y otra autónoma que también creó cooperativa hace poco, en un sentido similar, confesaba: “Juntos podemos gestionar problemas que antes debíamos resolver individualmente, y ahora, cuando hay algún problema en aspectos de gestión, es más fácil resolverlas en colectivo”.
El caso de estas dos mujeres no es aislado. Hace nueve años hubo un cambio de tendencia que se ha mantenido en el tiempo y ahora son mayoría las personas con empleo previo (bien autónomas bien empleadas por cuenta ajena) que optan por la fórmula. Por tanto, la cooperativa ha dejado de ser solo refugio para una situación de desempleo, que sí, eso también, pero ya no de manera mayoritaria, por todo lo que vengo comentando.
Si atendemos a la situación laboral de las personas interesadas en crear una cooperativa, en 2025 un 59,1% eran autónomas (34,1%) o empleadas por cuenta ajena (25%). En el caso de las primeras, buscan consolidar su actividad sumando a la iniciativa a otros profesionales y freelance con quienes ya colaboran y, además, limitar y compartir riesgos. Otras personas con empleo buscan la manera de cambiar su actividad completamente y, además, hacer las cosas a su manera y sin jefes.
En otras ocasiones, la cooperativa es el recurso de asociaciones, CB o sociedades civiles de transformarse en busca de un corpus jurídico que ofrece mayor seguridad y garantías, limita el riesgo individual de las personas socias y, asimismo, preserva la horizontalidad en el trabajo y en la toma de decisiones.
Al ver la evolución en el tiempo de las motivaciones de quienes pasan por nuestro servicio de asesoramiento hemos visto que la fortaleza de la fórmula cooperativa como opción de emprendimiento reside en que permite combinar tres pilares de manera efectiva: un modelo de funcionamiento autorregulable y altamente motivador que permite unir fuerzas con otras personas para compartir recursos, conocimientos y valores; alinear la actividad empresarial con principios éticos, sociales y medioambientales, y acceso a beneficios y ventajas fiscales y a ayudas específicas.
Ah, por cierto, para poner la guinda al pastel de las casuísticas, las personas que deseaban emprender en cooperativa en 2025 pertenecían a 18 nacionalidades diferentes –aparte de la española–. La cooperativa es una forma de incorporarse al mercado laboral y autoemplearse muy ventajosa para estos colectivos.
En definitiva, la cooperativa no es un movimiento mainstream, cierto, y por eso nos toca explicarnos una y otra vez. No es un traje que le valga a todo el mundo, claro, como tampoco lo es ser autónomo o funcionario, pero tampoco es una opción random, definido por la RAE como algo «aleatorio», «casual», «azaroso» o «imprevisto», porque sí es una muy buena alternativa de desarrollo profesional o para responder a las inquietudes e intereses de cada vez más personas. Lo veas como lo veas es un refugio, una oportunidad, una ventaja o una forma de regularizar algo. Para muchos, incluso, una forma de vida. Cada persona puede encontrar su razón y cualquier razón puede conducir a la cooperativa. ¿Me dejas en comentarios cuál ha sido la tuya o si te lo estás pensando?
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Ana Real
Soy periodista y máster en comunicación radiofónica. Como responsable de Comunicación de la Federación Valenciana de Empresas Cooperativas de Trabajo Asociado (FEVECTA) me ocupo, entre otras cosas, de coordinar este Blog. El cooperativismo y las cooperativas necesitan un relato para explicarse, para dar a conocer a la sociedad que son otra manera de hacer empresa: más humana, responsable y conectada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Y, precisamente, ese relato es el que intento construir en cada uno de mis artículos para llegar cada día a más personas.
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