Reflexiones

Alma europea, manos cooperativas: cultura, derechos y futuro compartido

12/01/2026 

Una reflexión sobre el papel estratégico de las cooperativas culturales valencianas en el pluralismo y en la democracia europeas.

Factoria de idees

La Unión Europea se encuentra en un momento decisivo: en plena reconfiguración del orden mundial, debe decidir cómo quiere estar presente en un tablero internacional marcado por tensiones geopolíticas, competencia tecnológica y crisis democráticas. La pregunta ya no es si Europa debe reposicionarse, sino desde qué valores y con qué visión quiere hacerlo.

 

Europa, ante un nuevo tablero geopolítico: una respuesta basada en valores

 

El nuevo Marco Financiero Plurianual (MFP) 2028–2034, ofrece una respuesta clara. El presupuesto para este periodo refleja un giro estratégico de calado: más inversión en defensa, seguridad y acción exterior. Pero el MFP no solo apuesta por la defensa y la diplomacia, también lo hace por la cultura. Así, la Comisión Europea lanza AgoraEU, un nuevo programa orientado a promover el pluralismo mediático, la innovación cultural y la independencia informativa. En un mundo donde la influencia internacional también se decide en el terreno simbólico —la información, los relatos, la creatividad, la identidad—, Europa reconoce que la cultura es infraestructura estratégica y apuesta por sostener un ecosistema cultural robusto porque entiende que la cultura compartida —diversa, crítica, abierta— es el núcleo de su proyecto histórico.

 

La UE envía el mensaje de que invertir en creatividad e independencia informativa es invertir en la capacidad de Europa para seguir siendo Europa en un mundo que nos empuja a abandonar nuestros valores fundacionales para competir en el nuevo tablero de juego geoestratégico.

 

En este escenario, las industrias culturales —y especialmente las cooperativas que operan dentro de ellas— adquieren una relevancia estratégica que va más allá de su dimensión económica. Son un pilar de identidad, cohesión y autonomía simbólica.

 

 

Las cooperativas culturales, territorios creativos que tejen identidad europea

 

Cuando hablamos de cooperativas de las Industrias Culturales y Creativas (ICC), hablamos de uno de los ecosistemas más vivos e innovadores del cooperativismo de los últimos años. Lo decimos con la experiencia en la mano: su crecimiento es sostenido y su aportación va más allá de producir cultura. Contribuyen a construir ciudadanía. Y eso, en tiempos de fragilidad democrática, pesa más de lo que a veces se reconoce.

 

Las cooperativas culturales funcionan como infraestructuras de proximidad: dan vida a espacios, programan, crean, median, comunican, cuidan el patrimonio, facilitan el acceso. Y lo hacen sosteniendo empleo, profesionalidad y diversidad en un sector donde la precariedad ha sido, durante mucho tiempo, una normalidad asumida. No se trata solo de qué producen, sino de cómo lo hacen. Porque el modelo cooperativo introduce democracia interna, reparto más equilibrado del valor y compromiso con el entorno.

 

 

Un sector que ya existe y que está creciendo: el mapa es claro

 

A veces se habla del cooperativismo cultural como una excepción simpática, como una rareza. Sin embargo, los datos que manejamos dibujan otra realidad: existe un sector en España y en la Comunitat Valenciana con volumen, diversidad y capacidad de innovación.

 

En Cataluña se estiman alrededor de 495 cooperativas culturales, con 118 integradas en su federación, y una dinámica de creación sostenida en la última década. En Galicia, ESPAZOCOOP integra 73 cooperativas del ámbito cultural. En la Comunitat Valenciana, contamos con 142 cooperativas culturales y creativas, una cifra significativa para nuestro tamaño, y además con una diversidad sectorial amplia: artes escénicas, audiovisual, diseño, comunicación, gestión del patrimonio, investigación, mediación cultural, …

 

En otras autonomías españolas se repite el patrón: la emergencia de cooperativas culturales que actúan como infraestructuras culturales de proximidad, generando empleo digno, produciendo contenidos independientes, dando vida a territorios urbanos y rurales y sosteniendo la capacidad crítica de la ciudadanía.

 

 

Viaje a Galicia de las ICC cooperativas valencianas: diálogo, aprendizaje y visión compartida

 

En el mes de noviembre de 2025, una delegación de consejeras y personal técnico de FEVECTA implicados en el sector de las Industrias culturales viajó a Galicia dentro del proyecto CULTURACOOP, liderado por COCETA, El viaje se concibió como una oportunidad para identificar qué condiciones hacen posible una presencia estable del cooperativismo en las Industrias Culturales y Creativas. En el contexto del encuentro pudimos observar modelos concretos: fórmulas de comercialización y visibilidad compartida (como el caso de Comunidade Creativa), conocer una política pública provincial que entiende la cultura como derecho y se apoya en instrumentos de programación y difusión (Rede Cultural), y visitar un gran espacio de encuentro sectorial y de público (Culturgal).

 

En paralelo, el trabajo conjunto entre las delegaciones asistentes al encuentro permitió aterrizar un diagnóstico compartido: falta de reconocimiento en políticas culturales, precariedad estructural, dificultades de financiación y capacidad técnica, y un doble desconocimiento —del propio modelo cooperativo en cultura y del mapa real del sector— que limita representación y oportunidades. De esa lectura se derivó una agenda clara: construir relato y argumentario común, activar herramientas de visibilidad (catálogo, canal, posible marca/sello), mejorar el acceso a contratación pública, disponer de datos/observatorio y asegurar mecanismos estables de coordinación con recursos mínimos.

 

 

El papel de las cooperativas valencianas y de FEVECTA: hacia una estrategia compartida de futuro

 

La Comunitat Valenciana está en un punto en el que ya no es suficiente con señalar que existen cooperativas culturales y creativas: lo verdaderamente decisivo es qué lugar ocupan y qué capacidad tienen para sostenerse, crecer e influir. La diversidad sectorial es una fortaleza, sí, pero también puede convertirse en una trampa si no se articula. Porque un sector muy diverso y poco coordinado corre el riesgo de ser percibido como una suma de casos aislados: interesantes, pero prescindibles. Y ese es, precisamente, el giro que conviene evitar: pasar de la dispersión a la estrategia.

 

En ese camino, el Estudio consultivo para la creación de una sectorial de Cooperativas Culturales y Creativas de la Comunitat Valenciana (MakinAcción, 2023) es más que un diagnóstico: es una invitación a tomarse en serio lo que el sector necesita para dejar de depender de impulsos puntuales. Sin herramientas comunes y sin una mínima infraestructura sectorial, la visibilidad continuará siendo frágil, la interlocución, intermitente y las oportunidades se desaprovecharán.

 

Otro aspecto que conviene destacar —porque afecta al día a día de la sostenibilidad— es la relación con las administraciones públicas. No se trata únicamente del acceso a subvenciones: el verdadero terreno estratégico es la contratación pública y ahí el sector cultural cooperativo no puede estar a la defensiva. Si las administraciones son un cliente relevante, entonces la cultura cooperativa necesita condiciones para competir: catálogo sectorial visible, capacidad técnica para concurrir, alianzas cuando el volumen lo exija y, sobre todo, una voz colectiva que pueda plantear mejoras y criterios facilitadores.

 

De lo contrario, el mercado público seguirá premiando a quienes ya tienen músculo, aunque no necesariamente sean quienes generan más retorno social, territorial o cultural.

 

Aquí es donde el papel de FEVECTA resulta imprescindible: la Federación puede y debe actuar como infraestructura para convertir un conjunto de cooperativas en un sector. En la práctica, esto implica cuatro responsabilidades claras:

 

  • Vertebrar espacios de encuentro para que las cooperativas se reconozcan como sector (y no solo como proyectos individuales). Sin ese reconocimiento mutuo, no hay agenda común.
     
  • Sostener herramientas compartidas (mapeo, catálogo, canal estable de comunicación) que conviertan la diversidad en legibilidad pública. Lo que no se ve, no cuenta; y lo que no está ordenado, no se compra.
     
  • Tejer alianzas interterritoriales con otras federaciones y redes. Una parte del aprendizaje ya existe en otros territorios; repetir el camino desde cero no es una prueba de autonomía, sino una pérdida de tiempo.
     
  • Traducir diagnóstico en agenda: prioridades, plan anual y recursos mínimos. Porque cuando todo es “importante”, nada avanza; y cuando no hay calendario, la energía se dispersa.

 

También conviene mirar más allá del marco autonómico. El debate europeo sobre pluralismo cultural y mediático, cohesión y democracia no es retórico: marca prioridades y abre oportunidades. Y en ese escenario, el cooperativismo cultural valenciano tiene algo valioso que ofrecer: modelos de creación y gestión que combinan profesionalidad, arraigo y retorno colectivo. Pero esa propuesta solo se tomará en serio si se presenta como sector, y no como un conjunto de buenas prácticas dispersas.

 

 

Cuidar lo que nos construye

 

Europa está recordando —quizá tarde, pero con contundencia— que la democracia se defiende también en el terreno cultural. Las cooperativas culturales y creativas lo practican cada día: en cómo trabajan, en cómo deciden, en cómo se relacionan con su entorno, en cómo entienden la creación como una responsabilidad compartida.

 

La pregunta que nos hacemos, como Federación y como sector, es sencilla: ¿queremos que este potencial siga apareciendo como una constelación de buenas prácticas, o queremos convertirlo en un sector con voz, herramientas y futuro?

 

Nosotras lo tenemos claro. Apostamos por construir estructura, por reforzar la intercooperación y por situar la cultura cooperativa en el lugar que le corresponde: en el centro de un modelo económico más democrático y de una sociedad más cohesionada. Porque, al final, lo que está en juego no es solo el porvenir de unas empresas culturales. Es la capacidad de sostener, juntas, la cultura que nos hace comunidad y que define quienes somos.

 

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Paloma Tarazona

Paloma Tarazona

Soy la directora de la Federación Valenciana de Empresas Cooperativas de Trabajo Asociado (FEVECTA). Licenciada en Derecho y Máster en Dirección de Empresas, llevo 25 años trabajando en el ámbito del Cooperativismo y la Economía Social.

Mónica Carreguí

Mónica Carreguí

Soy Mónica Carreguí, técnica de proyectos en FEVECTA. Estudié filología anglogermánica, hace muchos años ya, porque me encantaban los idiomas, pero en lugar de opositar, decidí emprender y crear mi propio negocio. Durante más de 22 años dirigí una empresa de formación no reglada y consultoría, siendo gerente, administrativa, jefa de estudios, comercial, docente, vamos, de todo un poco. En 2015 cofundé junto a dos grandes mujeres reinventhadas asociación de mujeres emprendedoras. Y desde entonces trabajamos mucho para dar visibilidad al emprendimiento femenino y hemos creado una red de apoyo, colaboración y crecimiento mutuo. Gracias a ella conocí por primera vez a FEVECTA y empezó una bonita historia de amor que se selló en el 2023 cuando pasé a formar parte de su gran equipo. ¿Qué hago? Pues desde el equipo de proyectos hacemos un poco de todo: leemos y escribimos mucho, planificamos, ejecutamos, supervisamos y justificamos pro
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