Reflexiones

Stop prejuicios: Deconstruyamos estereotipos y falsas ideas sobre el cooperativismo

11/04/2022 

Necesitamos a los medios de comunicación para transmitir una imagen fiel de este modelo empresarial

Medios de comunicación

El desconocimiento total o parcial acerca de cualquier fenómeno o hecho facilita que otros construyan para nosotros una imagen sesgada, interesada o estereotipada de esa realidad y, por tanto, que acabemos por hacernos una idea equivocada al respecto. Pero, claro, lo normal es que no sepamos de todo o de todo a fondo, o que no siempre tengamos el tiempo o la preparación necesarios para estudiar en profundidad cualquier cuestión para formarnos una idea fiel de cuanto acontece a nuestro alrededor o lejos de nosotros. Y por eso es tan importante la función social del periodismo. El papel de una prensa libre, madura y responsable es condición sine qua non para la conformación de una opinión pública igualmente libre y, por ende, para formar un pensamiento crítico entre la ciudadanía, como factor indispensable para la construcción de una democracia plena. E, igualmente, necesitamos esa función social de la prensa para asegurar nuestro derecho de información, consagrado como un derecho fundamental por la Constitución Española, y que, entre otras cosas, se apoya en la obligación de que ésta sea veraz, así como en el ejercicio de la función de fiscalización y contrapoder de la prensa en un Estado de Derecho que se precie (vean si no cómo están las cosas en Rusia). Por tanto, sin el periodismo y la labor de profesionales comprometidos con su profesión y con la democracia no nos enteraríamos de la misa la mitad y los poderosos y quienes les secundan, harían sus fechorías más de lo que ya lo hacen.

 

Pues bien, dicho esto, tampoco hay que ser ingenuos, los medios de comunicación son empresas —muchas de ellas conglomerados empresariales— que responden a una serie de intereses (económicos, políticos…) no fácilmente identificables, a veces. Por eso, lo más saludable y conveniente siempre ha sido informarse a través de más de un medio, y de grupos diferentes, por aquello de comparar y contrastar.

 

En fin, podríamos seguir este hilo hasta que el ovillo se hiciera muy gordo, pero no es de la crisis del modelo periodístico de lo que quiero hablar, ni de la importancia de preservar su independencia de grupos económicos o políticos que puedan presionarles de manera torticera. En lo que me gustaría fijarme es de la imagen del cooperativismo que algunas veces llega a la ciudadanía a través de los medios de comunicación como principales conformadores de la opinión pública que siguen siendo —con permiso de las redes sociales—. De cómo algunas veces los propios medios participan del desconocimiento general o del conocimiento estereotipado acerca del cooperativismo, y, como consecuencia de su credibilidad, acaban por perpetuar falsos prejuicios muy difíciles de desmontar.

 

El tradicional desconocimiento por parte del gran público acerca del funcionamiento, valores y aportaciones de este modelo empresarial, pese a tener ya casi dos siglos de historia, unido a algunos tropiezos convenientemente amplificados por parte de algunos sectores mediáticos dejan tras de sí un rastro difícil de borrar a pesar del tiempo que transcurra, al identificar cooperativismo con irregularidades, mala gestión, falta de transparencia. Recuerdo, por ejemplo, la cobertura mediática que se le dio a lo ocurrido con la gestora de viviendas sociales PSV creada por UGT a principios de los 90 para proporcionar pisos asequibles y de cómo calaron los titulares escandalosos que culpabilizaban a ‘la cooperativa’.

 

Es verdad que han pasado tres décadas desde aquello y también es cierto que el cooperativismo goza hoy de mayor prestigio institucional, apoyo político y reconocimiento social como consecuencia de sus especiales aportaciones a la democracia económica, la calidad y estabilidad del empleo y la sostenibilidad medioambiental, entre otros factores. Se han hecho grandes esfuerzos desde el propio sector y desde la Academia (tanto en el campo de la investigación como desde la enseñanza) para divulgar esta realidad.

 

Pero no nos descuidemos, cada cierto tiempo y sin saber muy bien por qué determinadas circunstancias o hechos negativos ocurridos en el cooperativismo —que puede haberlos como en todas partes— reciben un tratamiento informativo que, más que informar, distorsionan la realidad haciendo que todo el terreno ganado se desmorone como un castillo de naipes.

 

Veréis, citaba antes lo ocurrido con el caso PSV a principios de los 90, pero no ha sido un caso aislado. Me gustaría citar otros dos ejemplos para acabar de mostrar el gran impacto que pueden tener los titulares y determinados tratamientos informativos sobre la percepción que tiene la ciudadanía acerca del cooperativismo.

 

Caso Fagor

 

El segundo ejemplo es el tratamiento informativo que recibió el descalabro de Fagor a causa de la crisis económica de 2008 provocada por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Me gustaría fijarme, por simplificar, en el tratamiento que hizo una cabecera relevante como El País de aquel hecho, ya que llamó mucho mi atención.

 

Evidentemente, era normal que aquel caso llamará la atención tanto dentro como fuera del País Vasco puesto que se trataba del buque insignia del primer grupo empresarial de Euskadi y el décimo de España, “la cooperativa emblemática de la Corporación Mondragón”, como se le denominaba en algunos artículos.

 

Pues bien, he de decir que la información firmada aquellos días por el corresponsal de El País en el País Vasco trasmitía bastante fielmente tanto la situación empresarial: sus causas y posibles consecuencias, como los valores y principios cooperativos que guiaban las diferentes decisiones que se iban tomando y que, guiadas por los principios de la solidaridad y cooperación, se dirigían a una salida de costes compartidos tanto en lo económico como en lo social. “En el grupo Mondragón, cuando una cooperativa atraviesa dificultades, el resto tienen por norma acudir en su auxilio, bien mediante una aportación económica o reubicando personal para evitar los despidos”, explicaba este periodista y aportaba el testimonio directo de Pilar Iriarte, socia trabajadora de la planta de lavadoras de Fagor: “Hace algunos años, en Fagor tuvimos que sacrificar nuestras subidas salariales para crear más de 1.000 puestos de trabajo en la zona y en ayudar a otras cooperativas. Ahora, nosotros estamos siendo vapuleados por la crisis y hemos tenido que pedir ayuda”.

 

Rescate solidario para Fagor

 

Entre las causas se menciona que un desplome generalizado del sector de los electrodomésticos, sobre todo de línea media-baja, como consecuencia del pinchazo de la burbuja inmobiliaria: “al hundirse sus ventas en un 37% durante este periodo como consecuencia de la caída del consumo de electrodomésticos y la aparición de nuevos competidores de “bajo coste” en China, Turquía y Corea.

 

En cuanto a los valores y su particular manera de afrontar la situación y sus consecuencias, este corresponsal escribía: “Las cooperativas y sus trabajadores han aceptado arrimar el hombro: unos aportarán parte de los beneficios y otros lo harán con una parte de su salario”.

 

Además, aportaba la declaración de Xabier Bengoetxea, el presidente de Fagor Electrodomésticos, quien se mostraba “muy orgulloso” de que la ayuda por parte de la Corporación se hubiese aprobado en la Corporación por unanimidad: “Es la máxima expresión de solidaridad, uno de los principios que forman parte de nuestro ADN cooperativista. De hecho, este tipo de prácticas, en las que unas cooperativas ayudan a otras, es habitual en la corporación y forma parte de nuestra historia”, aseguraba a ese diario.

 

El artículo también dejaba traslucir que había sido un acuerdo con algunas disensiones, pero finalmente adoptado por mayoría, es decir, democráticamente, como se toman las decisiones en las cooperativas. Asimismo, relataba el abanico retributivo neto entre el socio trabajador de menos cualificación y el máximo ejecutivo es de 1 a 4,5.

 

Y, a pesar de todo, este ejercicio de solidaridad mutua, que ha guiado siempre a la corporación en sus casi siete décadas de historia no fue suficiente para salvar Fagor, seguramente porque hubo cosas que no se hicieron bien y, desde luego, porque la crisis fue la tormenta perfecta en la que otras muchas empresas (la mayoría capitalistas) también encontraron su particular cementerio.

 

Pero lo que fue realmente extraño fue el tratamiento editorial que dos días después se le dio al mismo fenómeno que tan bien explicado fue por el corresponsal del medio y que El País titulaba así:

 

Un modelo cuestionado

 

La tesis era que “la crisis de Fagor era algo más que el hundimiento de una empresa de electrodomésticos” que revelaba la “incapacidad de reacción del cooperativismo ante la recesión”. Y digo yo, si mañana Zara quiebra, ¿revelará la incapacidad del capitalismo?

 

Si seguimos leyendo el editorial, vemos que todos los argumentos que a partir de ahí se hacen lo que evidencian, en todo caso, es la existencia de una mala gestión, de malas decisiones empresariales y una desgraciada confluencia de factores devenidas del funcionamiento de un sistema capitalista feroz que en 2008 casi acaba consigo mismo. Casi, aunque al parecer no aprendimos lo suficiente. Pero esa es otra historia. A lo que iba….

 

Posteriormente, lo que se echó en falta fue oír hablar de cómo EL COOPERATIVISMO resolvió aquel desgraciado fracaso: MCC expresó su compromiso de garantizar el empleo, “para lo cual se podrían destinar unos 50 millones, que servirían para resolver la situación del personal excedentario y su reubicación en otras cooperativas. Los trabajadores, muy preocupados por la situación que se abre ahora, no descartan que puedan producirse bajas. La jubilación anticipada de los mayores de 55 años, su recolocación en otras empresas del grupo o permanecer dos años en el paro parecen las soluciones más factibles, aunque estas serán analizadas por el conjunto de los trabajadores en reuniones que prevén celebrar durante las próximas horas”.

 

Y así fue, todas las cooperativas que integraban MCC arrimaron el hombro para, de manera solidaria, enjugar las consecuencias de aquella caída para las personas socias y trabajadoras que, de otra forma, se habrían quedado sin empleo. La solución no fue ni rápida ni sencilla: una parte de las personas fue recolocada, los más mayores se jubilaron o prejubilaron, otras personas recibieron ayuda económica vía prestaciones privadas del propio grupo… Pero a esto ya no se le prestó la misma atención.

 

Lo de Villena

 

Aproximadamente, una década después, hace muy poco, de nuevo nos ‘sacude’ el titular de un artículo de opinión firmado por el propio director de la cabecera que titula así:

 

 

Ya la elección del término ‘macrogranja’ aporta al lector una carga semántica peyorativa antes, incluso, de empezar la lectura. Recordemos que el artículo se publica en plena resaca de la utilización política que se hizo en esos días de las palabras del ministro de Consumo acerca de este modelo de sobreexplotación ganadera. Pero, es que, una vez se ha leído, el paralelismo o la metáfora resulta, en mi opinión, inapropiada al contexto al que alude, pero eso ya lo dejo a su criterio. La realidad es que el artículo va sobre otra crisis empresarial, en este caso de la Cooperativa Agrícola de Villena.

 

Quisiera destacar tres afirmaciones que se hacen en el artículo y que disparan sin piedad (ni argumentos) a la línea de flotación del modelo cooperativo:

 

1. “Si una empresa se hunde, lo pagan los accionistas. Si una cooperativa cierra, lo paga todo un pueblo. […]”. Y luego completa la idea diciendo: “La diferencia está en que los sapos de una empresa se los comen unos pocos; los de la cooperativa, muchos; no sólo los socios copartícipes, sino toda una economía local o comarcal, o incluso más”. Esto me recuerda la expresión esa que dice: “No me quieras tanto”, no les parece.

 

2. “¿Quién controla las cooperativas? Esa es otra de las preguntas que habría que hacerse. Está claro que este instrumento mercantil tiene sus propios sistemas de control y de fiscalización de cuentas, pero creo que, en la práctica, en muchos casos acaban siendo sociedades controladas y maniatadas como pequeños corralitos para hacer favores (del tipo que sean) y evitar medidas drásticas -porque son impopulares- cuando toca aplicarlas”.

 

3. “La lección que hay que extraer es que las cooperativas necesitan un mayor control supralocal —como lo tienen las fundaciones públicas; o las cooperativas de crédito con el Banco de España— y que al socio hay que empoderarle para que no sea un militante dócil que pega la cabotá cuando se le requiere o porque su superior así se lo dice. La experiencia y el precedente de Altea obligan a que la propia Generalitat sea más activa en el control de este tipo de sociedades si no quiere presenciar más semanas de estrés como la vivida en Villena y que, a su vez, exija más transparencia”.

 

 

Bueno, bueno, no tiene desperdicio, ¿no creéis? Menos mal que el contrapunto al tratamiento informativo de lo de Villena llegó de la mano de la cabecera Nosaltres La Veu en el artículo publicado el mismo domingo, 16 de enero de 2022, que firma el columnista Joan Canela, y titulado:

 


 

Pues bien, en su columna encontramos algunas de las claves que ayudan a completar el puzle: “El motiu del tancament d’Agrícola Villena era que el seu únic Client, el mateix Client que durant anys li va exigir exclusivitat i també que cresquera i invertira segons les seues necessitats, no pensava renovar el contracte, cosa que aboca l’empresa a una ruïna assegurada, després d’anys de treballar amb uns marges cada volta més ajustats.

 

La notícia ha eixit àmpliament als mitjans valencians, però amb un lleuger oblit. El nom del Client”.

 

Y que no es otro que Mercadona. Ups. Lo descrito por Joan Canela en su artículo recuerda otros casos similares no muy lejanos en la memoria. No es la primera empresa que se va al garete por la misma causa – Y no eran cooperativas y, por tanto, no tenían socios que pegaran la cabotà-, vaya vaya.

 

En fin, creo que los tres ejemplos citados podrían considerarse paradigmáticos y, desde luego, en mayor o menor medida han llegado a tener un impacto negativo en la notoriedad del cooperativismo, deteriorando la imagen que la opinión pública española ha podido tener acerca de nuestra rica realidad empresarial a lo largo del tiempo. Un histórico del cooperativismo de la Comunitat Valenciana y actual presidente de la Federació de Cooperatives de Vivendes (FECOVI), Vicent Diego, me explicaba hace unos días que aún recuerda el impacto perjudicial que tuvo lo ocurrido en Madrid con la gestora de Viviendas PSV en las promociones valencianas de viviendas cooperativas de aquellos años, la desconfianza que generó en muchas familias que habían depositado su confianza y ahorros en la construcción de una vivienda en régimen cooperativo para huir de la especulación en un momento de poca bonanza económica, y lo que perduró en el tiempo aquel efecto.

 

La cuestión es si el tratamiento que se le dio a estos tres casos habría sido el mismo si dichas compañías hubiesen sido una SA o SL. Si, además de cuestionar la gestión empresarial, se habría cuestionado el sistema capitalista al que pertenecen, sus valores capitalistas, el reparto de beneficios a sus accionistas… o las decisiones que se toman en función de criterios ajenos al bienestar de los públicos de interés o si distribuyen bien o mal la riqueza las grandes empresas capitalistas (los medios de comunicación incluidos, claro). Yo no lo he visto, pero si algún lector o lectora encuentra un ejemplo estaría bien compartirlo.

 

El conocimiento inadecuado o incompleto del cooperativismo ha hecho proliferar todo tipo de estereotipos sobre este modelo empresarial a lo largo de su historia y los estereotipos suelen generar prejuicios, ya que inducen a prejuzgar, es decir, a emitir un juicio sin tener la suficiente información que lo sustente. Y los prejuicios, como ideas preconcebidas, suelen basarse en rumores o en una supuesta experiencia previa no muy bien contrastada.

 

Y así es como el conocimiento inadecuado del cooperativismo acaba por limitar su gran potencial para desencadenar cambios positivos que acerquen a la economía y a la sociedad a un modelo de desarrollo más sostenible.

 

Pero para cambiar esto necesitamos a los medios de comunicación como aliados. Los medios de comunicación siguen siendo los principales conformadores de la opinión pública y, por tanto, resultan indispensables en cualquier estrategia que quiera generar en la sociedad un ambiente favorable a la generación de proyectos de emprendimiento, creadores de empleo, de actividad económica y crecimiento en ámbitos que den respuesta a los grandes retos sociales y medioambientales a los que nos enfrentamos.

 

Debemos tratar de que los tres ejemplos citados se queden en una lamentable excepción a la norma. El cooperativismo debe esforzarse más en explicarse, en darse a conocer, en hacer pedagogía también entre los medios de comunicación, porque otros modelos empresariales nos llevan ventaja en ese terreno. Sin embargo, ninguno de ellos tiene un reconocimiento constitucional equiparable al del cooperativismo. Por algo será.

Ana  Real

Ana Real

Soy periodista y máster en comunicación radiofónica. Como responsable de Comunicación de la Federación Valenciana de Empresas Cooperativas de Trabajo Asociado (FEVECTA) me ocupo, entre otras cosas, de coordinar este Blog. El cooperativismo y las cooperativas necesitan un relato para explicarse, para dar a conocer a la sociedad que son otra manera de hacer empresa: más humana, responsable y conectada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Y, precisamente, ese relato es el que intento construir en cada uno de mis artículos para llegar cada día a más personas.

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COMENTARIOS

19/04/2022 09:42 Ana Real

Gracias por vuestros comentarios. En efecto, somos un modelo minoritario (por ahora) y, para superar esa situación, me parece clave lo que comenta Xavier: hay que llegar a los estudiantes a través de la Universidad y también, no lo olvidemos tampoco, a través de la FP... Estos jóvenes son parte fundamental del recambio generacional necesario que deberá acometer el cooperativismo en las próximas décadas. Cada día son más los universitarios egresados que optan por esta fórmula para desarrollarse profesionalmente y lo hacen por dos razones fundamentales: se identifican con los valores y ven muchas ventajas en el modelo. Así es que si logramos que cada día más jóvenes lo conozcan tendremos parte del trabajo hecho.

14/04/2022 16:52 Xavier Vicedo

Muy interesante el articulo, Ana, y muy cierto. No puedo evitar que otros hablen de mi o lo que digan. Lo que si puedo es tomar yo la iniciativa, y lo puedo hacer de muy distintas maneras, a través de noticias en la prensa, pero también con la formación, con la divulgación de los valores cooperativos, en las propias cooperativas (conviene actualizar), en zonas donde solo por medio de la acción conjunta y cooperativa se puede prestar algún servicio (zonas rurales), en los colegios, en la Universidad, y aquí quiero hacer una pregunta, cuándo se habla de cooperativas en la Universidad ¿se habla del espíritu cooperativo teniendo en cuenta que es algo más que un conocimiento a aprender sobre cómo funciona una determinada organización? Pregunto por qué no lo se, pero pienso que si de verdad se llegase a los estudiantes en lo que es el sentir cooperativo tal vez surgirían con más fuerza y número proyectos cooperativos. La cooperativa no solo es un modelo más de organización empresarial, la cooperativa requiere, además, de sus socios, de un modo de ver la vida, de un modo de entender la cooperación, la colaboración, el apoyo mutuo, la solidaridad, requiere de cierta empatía para con el prójimo como individuo y para con la sociedad en la que vivo. Por sus valores e ideario el modelo organizativo cooperativo tiene mucha fuerza, pero precisa de la implicación sentida de sus socios.

14/04/2022 10:15 Francisco Montilla Domene

El propio verbo cooperar ha sido mal utilizado, entendiendo que en el ámbito empresarial solo tiene cabida el verbo competir, cuando realmente se compite mejor si se coopera más. En mi opinión.

12/04/2022 14:45 Jose Mª Santos Rodríguez

Estupendo artículo Ana. Muy bien expuesto e ilustrado con los ejemplos. Sólo añadiría que en muchos casos no es falta de información o exceso de prejuicios lo que provocan estas situaciones, sino pura y dura intencionalidad de hacer daño al modelo cooperativo. Que es un modelo a contracorriente en un mundo individualista y salvajemente competitivo y que muestra que se pueden hacer las cosas de forma muy diferente, poniendo a las personas en el centro. Gracias por seguir empeñada en esta lucha.

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