Reflexiones

Os invito a un viaje

15/06/2026 Paloma Tarazona

Una reflexión sobre planes, decisiones colectivas y el momento clave que atraviesa el cooperativismo de trabajo valenciano, a propósito del nuevo plan estratégico de FEVECTA

Plan Estratégico

Cuando era joven fui una auténtica obsesiva de los planes. En mi ingenuidad, pensaba que los planes eran guías inamovibles que te dirigían inexorablemente hacia un objetivo claro y predefinido que permanecería inalterable durante el tiempo necesario para alcanzarlo. Hasta que alguien de mi entorno, con bastante más experiencia que yo, me dijo algo que desde la distancia parece obvio: no te dejes despistar por el plan o por el objetivo. Lo importante, lo verdaderamente importante en la vida no es el destino. Es el viaje.

 

Y un viaje, por definición, siempre es una aventura.

 

Y sí, por supuesto, tenía razón.

 

Ahora bien, que el destino no sea lo importante no significa que todo valga. Antes de ponerse en marcha, suele ser prudente pensar hacia dónde empezar a caminar. Y ya que estamos, echar una miradilla a los pies para comprobar si las botas resistirán el camino, y a la mochila, por si el agua que llevamos será suficiente o no. Porque una cosa es entender que el viaje es incierto, y otra muy distinta lanzarse a ciegas.

 

Y, además, hay otra cosa que con los años también se hace cada vez más evidente: los viajes son mucho más entretenidos cuando se hacen en compañía. En esos casos, parar un momento a hablar, a compartir hacia dónde creemos que tiene sentido ir, qué nos preocupa o qué queremos evitar, no solo es útil, sino necesario. No vaya a ser que a mitad de camino acabemos unos por un lado y otros por otro… y eso siempre le quita algo de alegría al placer del viaje.

 

Pues bien, algo de todo esto hay detrás del momento en el que se encuentra ahora mismo el cooperativismo de trabajo valenciano y, por extensión, FEVECTA. Si miramos hacia atrás, es fácil reconocer de dónde venimos. Buena parte del tejido cooperativo actual nace de una ola muy concreta: la de los años de la transición. Una generación joven que, en aquel momento, no solo quería emprender, sino que aspiraba a transformar profundamente la forma de trabajar, de hacer empresa, de entender la economía e incluso la propia sociedad. De aquel impulso nacieron muchas de las cooperativas que hoy forman parte de nuestro ecosistema.

 

Pero toda ola, por definición, tiene su recorrido. Y ahora estamos claramente en el final de ese ciclo histórico. Muchas de aquellas personas jóvenes que impulsaron esas cooperativas ya se han jubilado o lo están haciendo. Algunas nos han dejado. Y las cooperativas que crearon se encuentran hoy en situaciones muy diferentes.

 

Algunas han conseguido crecer y transformarse más allá de su grupo fundador, abordando con éxito —no sin dificultad— el reto de sobrevivir a la jubilación de quienes las pusieron en marcha. Otras, sin embargo, desaparecieron con ese mismo grupo. Y muchas se encuentran ahora mismo en ese punto delicado, intentando gestionar ese tránsito.

 

Lo que parece bastante evidente es que el cooperativismo de trabajo valenciano está en una especie de cruce de caminos. No es un cruce cualquiera: es de esos en los que no decidir también es, en realidad, tomar una decisión, por tanto, conviene parar, mirar alrededor y preguntarse hacia dónde queremos ir en los próximos años.

 

Además, no estamos haciendo este viaje en un contexto cualquiera. Estamos viviendo un momento marcado por una creciente inestabilidad geoestratégica, que acaba teniendo un impacto muy concreto en la economía del día a día de las cooperativas; por una intensificación de la digitalización de la economía, que ya no es una opción sino una especie de condición de partida; por la emergencia de la inteligencia artificial, que está cambiando —casi sin que nos dé tiempo a asimilarlo— la forma de trabajar y de organizarnos; y por la construcción acelerada de una sociedad cada vez más diversa, más plural y también más exigente. Todo esto no es un simple telón de fondo: es, en realidad, el terreno sobre el que vamos a tener que caminar en los próximos años.

 

Y aquí aparece finalmente un elemento que no es una opción, sino una necesidad: el protagonismo de las personas jóvenes. No solo porque representan el futuro en abstracto, sino porque serán ellas quienes, dentro de diez años, estarán liderando —o no— este proyecto colectivo que es el cooperativismo de trabajo. Si no están dentro del viaje, difícilmente podrán conducirlo. Y si no pueden conducirlo, probablemente tampoco quieran recorrerlo.

 

 

Un proceso de escucha y de conversación

 

Es en este contexto en el que FEVECTA ha abordado la elaboración de su nuevo plan estratégico. Aquí es importante volver al principio: entender el plan no como un documento cerrado ni como una hoja de ruta rígida, sino como ese ejercicio previo que hacemos antes de ponernos a andar. Un momento para pensar juntos hacia dónde queremos dirigirnos, con qué mochila contamos y con quién queremos hacer el camino.

 

Por eso, el proceso que está dando lugar a este plan ha sido, sobre todo, un proceso de escucha y de conversación. Se ha preguntado a cooperativas de distintos territorios y sectores, al personal técnico, a los órganos de gobierno, a personas jóvenes, a agentes del entorno… No se trata tanto de que alguien defina el camino desde arriba, sino de construirlo a partir de una pluralidad de miradas, preocupaciones y propuestas de quienes forman parte —o quieren formar parte— de este viaje.

 

En esas conversaciones han aparecido preguntas de calado: ¿Cómo queremos organizarnos y participar en la federación? ¿Qué papel deben tener los espacios sectoriales y territoriales? ¿Cómo reforzar el sentimiento de pertenencia de las cooperativas?

 

¿Qué cooperativismo queremos construir a medio y largo plazo? ¿Cómo conectar mejor con las nuevas generaciones? ¿Qué necesitamos cambiar para que la gente joven no solo se acerque, sino que quiera quedarse y liderar?

 

Y por supuesto, cómo queremos que FEVECTA aporte valor en un entorno cada vez más complejo, con nuevos retos tecnológicos, normativos y sociales.

 

No son preguntas menores. Pero, precisamente por eso, merecía la pena pararse a formularlas. A partir de ahí, el plan dibuja una ruta compartida. Una dirección que intenta dar coherencia a todo ese proceso previo y que, sobre todo, pretende servir como punto de referencia para avanzar juntos en los próximos años.

 

Porque, al final, eso es lo que es un plan: no una garantía de llegar a ningún sitio concreto, sino una manera de empezar a caminar con algo más de sentido.

 

Volvemos así al inicio.

 

El plan no es el viaje.

 

El plan es, en todo caso, el mapa con el que decidimos arrancar.

 

El viaje —con todo lo que tenga de inesperado, de complejo y también de ilusionante— está aún por delante.

 

Y si algo está claro es que nos espera una gran aventura.

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Paloma Tarazona

Paloma Tarazona

Soy la directora de la Federación Valenciana de Empresas Cooperativas de Trabajo Asociado (FEVECTA). Licenciada en Derecho y Máster en Dirección de Empresas, llevo 25 años trabajando en el ámbito del Cooperativismo y la Economía Social.

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